Estas son posibles situaciones de las que la persona ciega es protagonista  y en las que hemos de comportarnos con la discreción, oportunidad y medida necesarias para que nuestra compañía sea de alguna utilidad.

Lo natural y correcto es prestarle la ayuda que solicite o la que nosotros, en uso de nuestro sentido común, consideremos necesario.

Sin olvidar que el deficiente visual tiene en sus limitaciones, unos sentidos en perfecto estado y, para usarlos, una agudeza excepcional.

Pensemos que nuestra prestación es, antes que una ayuda, una colaboración.

 



 

De siempre indicaciones claras, no diga "Hacia aca" o "Hacia allá", indique: ATRAS, ARRIBA o DEBAJO de la persona o de algún punto de referencia.